Un concepto donde prima el culto al producto y su conserva.

 




Sobre la lata

Cuando uno va a un restaurante o bar, por regla general, espera que las carnes, los pescados y acompañamientos -especialmente los vegetales- deben ser frescos y estar preparados por las manos de un chef profesional. Mejor aún si este goza de prestigio y reconocimiento entre sus pares. A uno jamás se le cruzaría por la mente que el origen de los ingredientes puede ser una lata de conserva y menos aun productos de alta calidad y elaboración montados en rebanadas de pan, uno se sentiría al menos decepcionado.

 

Sin embargo, hay lugares donde la comida enlatada y los montados o canapés gozan de una excelente reputación. En muchos casos, incluso, refiere a productos de exportación que han sido elaborados con insumos de la mejor calidad, por ejemplo, el caviar.
Pero volvamos a los restaurantes y bares. En algunos países europeos, el consumo de pescados, mariscos y otros manjares abrazan el modo conserva sin asco y son catalogados como delicatessen. España y Portugal llevan la bandera, en una tendencia que hoy se expande a naciones de otros continentes como es el caso de Japón y Estados Unidos.


Algunos establecimientos alrededor del mundo que han visto en esta opción una forma de innovar en el negocio de la gastronomía de manera simple y tal vez hasta muy conveniente en términos comerciales.


Un concepto de base donde prima el culto al producto y perdura la que sin duda es la piedra filosofal para hosteleros y clientes:
Innovar, Sorprender, Atender & Satisfacer.